Alianzas globales para un desarrollo sostenible inclusivo

Artículo  de Federico Buyolo, Director General de Cooperación y Solidaridad de la Generalitat Valenciana, publicado, el  10 de junio de 2018, en CONTEXTO ECONÓMICO/AGENDA PÚBLICA

Desde que, en 2000, el secretario general Kofi Annan planteara la necesidad de establecer una gran agenda de solidaridad entre países ricos y pobres, la pobreza ha disminuido en más de 1.100 millones de personas; el 90% de la población ya utiliza fuentes mejoradas de agua potable y la reducción de la mortalidad infantil se cifra en un 44% en una sola década. Los Objetivos del Milenio han permitido un gran avance en la lucha contra la pobreza en todas sus dimensiones.

En este artículo me propongo exponer algunos datos que ponen de relieve que, junto a las buenas noticias de arriba, la humanidad presenta aún numerosos problemas que requieren de un enfoque global y estratégico. En el mundo actualmente hay 65,6 millones de refugiados y la cifra sigue creciendo; 767 millones de personas viven con menos de 1,90 dólares al día, y no sólo en los países pobres, sino también en los más desarrollados; en España, el 20% de la población con mayores ingresos consigue 6,5 veces más que el 20% que menos renta tiene a su disposición. Vivimos un crecimiento insostenible que, de seguir así, podría llevarnos a la devastación: necesitaríamos consumir los recursos de tres planetas como el nuestro para poder abastecer las necesidades de todo el mundo.

No podemos olvidar tampoco que, en pleno siglo XXI, 815 millones de personas no tienen garantizada su seguridad alimentaria: es decir, que hoy comerán, pero mañana puede ser que no, y que la cantidad de comida ingerida no será suficiente para su desarrollo. Al mismo tiempo, 1.100 millones de personas sufren enfermedades ligadas al sobrepeso en el mundo desarrollado. Además, la desigualdad también ha aumentado y llama la atención su resistencia en los países del norte. El crecimiento económico había estado asociado a la mejora de la calidad de vida de las personas, pero la crisis mundial de 2008 puso de relieve que la economía especulativa globalizada ha empobrecido a millones de trabajadores, al mismo tiempo que ha producido una brecha de desigualdad social y económica que ha fracturado las sociedades, poniendo a millones de personas en riesgo de exclusión social.

El crecimiento no sólo no ha producido un beneficio social compartido, sino que amenaza con acabar con un planeta al que se le han esquilmado los recursos naturales, presentes y futuros, poniendo así en riesgo el mundo tal como lo conocemos. En definitiva, los últimos años han traído insostenibilidad e inequidad en una economía que tan sólo beneficia a una parte muy pequeña de la población mundial.

¿Cómo afrontar estos graves problemas? Si algo hemos aprendido de la Historia es que los grandes avances de la humanidad, los que permiten a todas las personas disponer de los recursos necesarios para avanzar en sus proyectos de vida personales y sociales, se producen cuando trabajamos juntos y somos capaces de generar alianzas de progreso global. Una estrategia eficaz para abordar los problemas debería partir de las siguientes ideas:

En primer lugar, el futuro en común se ha convertido en un gran reto global, una tarea que sobrepasa el multilateralismo como lo hemos conocido hasta ahora. Es necesaria una visión compartida del futuro con múltiples dimensiones, actores y niveles de decisión. Un mundo global, donde el capital viaja de territorio a territorio sin fronteras físicas mientras millones de personas no pueden acceder a derechos básicos, nos debe hacer pensar y afrontar este tiempo desde otra visión, desde otra perspectiva, con la voluntad de que nadie se quede atrás.

Vivimos en estados donde la soberanía es compartida entre diversos actores locales, regionales, nacionales e internacionales. Ya no sólo podemos pensar globalmente y actuar localmente, sino que necesitamos entender que el mundo está interconectado y tenemos tanto problemas globales que necesitan soluciones locales como problemas locales que requieren actuaciones globales. Debemos generar consensos enriquecidos donde los diversos actores hagan frente a los problemas y oportunidades que nos afectan a todos; eso sí, desde una visión multidimensional.

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