España se desenchufa del futuro

Artículo  de Hugo Morán, secretario para la Transición Ecológica de la Economía de la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE, publicado, el 9 de abril de 2018, en 20 MINUTOS

En el año 2017 China invirtió 133 mil millones de dólares en nuevas instalaciones de generación eléctrica con tecnologías renovables (Bloomberg New Energy Finance), que sólo en fotovoltaica supusieron la friolera de 53 gigavatios de nueva potencia añadida, lo que supone más de la mitad de la capacidad mundial. Para que nos hagamos una idea de las magnitudes que se manejan, Alemania, que está siendo la locomotora europea en desarrollo renovable, se quedó el año pasado en el entorno de los 2 gigavatios de nueva fotovoltaica instalada. Es evidente que China ha tomado el relevo a Europa en el liderazgo mundial de la transición hacia las energías limpias, una vez que los EEUU de Donald Trump han renunciado de facto a disputarlo, enterrando el gran proyecto político de Barack Obama expresado en la frase: “el país que lidere una economía basada en las energías limpias, liderará el siglo XXI”.

Europa, con España a la cabeza, capitalizó en la frontera de este milenio la apuesta por un salto disruptivo en el sector de la energía, impulsando uno de los avances tecnológicos más relevantes que haya conocido la humanidad. Bien es cierto que las perspectivas que se vislumbraban a finales de la última década del siglo pasado y la primera de este, apuntaban a un crecimiento exponencial de la demanda de energía en el continente, con  lo cual se tomaban decisiones que implicaban la incorporación de más y más potencia de generación, antes que a sustituir la ya existente; senda que se quebró con la irrupción de la gran crisis, momento a partir del cual el hundimiento de la demanda encendió las alarmas de las eléctricas convencionales, que veían amenazado ahora su campo de negocio. Se produce entonces un giro de estrategia política en defensa de las tecnologías convencionales y contra las renovables, llevando a Europa a los umbrales de inversión más bajos y deslocalizando la innovación.

La abrumadora amenaza climática, por un lado, y el aldabonazo de Fukushima, por otro, espolearon a buena parte de los gobiernos europeos en la idea de reemprender y acelerar la senda de la transición energética, de tal manera que en menos de una década son muchos los países de la UE que ya han abordado el reto climático en sus respectivas legislaciones, adoptando las correspondientes hojas de ruta tanto de descarbonización, como de desnuclearización. Irrumpe así la necesidad de acometer ahora la tarea bajo el principio de transición justa, puesto que en un escenario de sobre-capacidad instalada,  y con objetivos imprescindibles de  ahorro y eficiencia, las tecnologías convencionales se ven desplazadas del mercado, generando efectos traumáticos en determinados territorios vinculados secularmente a patrones productivos de intensa demanda energética. Ahora bien, esto no ha supuesto para estos gobiernos en absoluto una renuncia a poner manos a la obra, sino que bien al contrario se ha convertido en el principal reto para alcanzar la competitividad y asegurar el futuro.

Continuar leyendo el artículo completo en 20minutos.es

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *