Transición energética en España: la hora de la verdad

Artículo  de Teresa Ribera, directora del Instituto para el Desarrollo Sostenible y las Relaciones Internacionales (IDDRI) y presidenta del Consejo Asesor para la Transición Ecológica de la Economía, publicado, el 6 de abril de 2018, en El Confidencial.

A Lord Nicholas Stern le gusta decir que no hay desarrollo, ni crecimiento económico ni progreso si no es compatible con el clima. Y Christine Lagarde insiste, cada vez que tiene ocasión, en que los mayores desafíos para la estabilidad económica mundial son el cambio climático, la reacción proteccionista ante una globalización no siempre bien gestionada y el incremento de las desigualdades. Cualquier combinación de estos elementos no manejada adecuadamente alimenta el populismo, la tensión y el riesgo de conflicto.

No es casualidad, por tanto, que la evolución de la economía hacia premisas compatibles con los límites ambientales sea el plato principal del menú de gobiernos y consejos de administración, de la agenda multilateral y del mismísimo Foro Económico Mundial. Y tampoco es de extrañar que en el centro del debate encontremos las cuestiones relativas a la transición energética.Facilitar decisiones coherentes por parte de consumidores y empresas debe ser la tarea principal de cualquier decisor público. Deberá orientar a través del marco regulatorio, presupuestario y fiscal las señales de valor y desvalor que mejor se compadezcan con el proyecto que se ha de impulsar. Y un proceso de cambio tan intenso en tan poco tiempo como el que requerimos exige anticipar de forma inteligente el modo en que acompañar los cambios. Por eso, no es de extrañar que Francia debata la incorporación de la lucha contra el cambio climático en su Constitución, del mismo modo que en Alemania se plantea la integración de un principio general de actuación en favor de la sostenibilidad, sin trasladar hipotecas a las generaciones futuras.

En España, estos debates necesitan todavía encontrar su espacio: qué marco constitucional que enfatice e ilustre la necesidad de un desarrollo normativo coherente con estas premisas; qué modelo de financiación para comunidades autónomas y entes locales que potencie las sinergias en las actuaciones en favor de la sostenibilidad por parte de las administraciones públicas; qué fiscalidad ambiental y socialmente responsable; qué sistema financiero que facilite un futuro distinto y evite los riesgos de descapitalizar nuestro planeta, o qué hacemos con el territorio, los recursos naturales, la agenda urbana; o, no menos importante, de qué modo se favorece el impulso de un modelo industrial ganador y con futuro, compatible con las premisas de la economía circular y capaz de aprovechar las ventajas de la revolución digital sin descuidar un adecuado seguimiento de los riesgos que esta pueda presentar. Estos son algunos de los 15 grandes temas que deberíamos plantearnos para facilitar una transición ecológica de la economía española.

En estas semanas asistimos —¡por fin!— a un incipiente debate informado sobre la transición energética, uno de los pilares más relevantes de la anunciada Ley de Cambio Climático que el Congreso de los Diputados pidió hace ya siete años y con la que el presidente Mariano Rajoy se comprometió hace más de dos. Hay varios informes interesantes al respecto. Todos ellos coinciden en algo obvio: el sistema energético es ‘sistema’ y debe ser eficiente y libre de emisiones de gases de efecto invernadero en 2050. Esto supone uno o dos ciclos de inversión, orientaciones clave de empleo y riesgo de impactos socialmente regresivos si no son adecuadamente anticipados y tomados en consideración. Por ello, es fundamental poner manos a la obra y recuperar cuanto antes el tiempo perdido.

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