‘One Planet’ y mucho por hacer

Artículo  de Teresa Ribera, directora del Instituto para el Desarrollo Sostenible y las Relaciones Internacionales (IDDRI) y presidenta del Consejo Asesor para la Transición Ecológica de la Economía, publicado, el 15 de diciembre de 2017, en El Periódico de la Energía

Emmanuel Macron cuenta en su haber, al menos, haber hecho bandera de la transición ecológica en sus primeros meses como presidente y haber catalizado importantes cambios en esta dirección en el mundo financiero.

Acaba de terminar su cumbre “One Planet” y es el momento de hacer balance. Ha sido una reunión diferente a las habituales, combinando puesta en escena y mensajes de 140 (ahora 280) caracteres con ideas, promesas, anuncios y, quizás, cambios reales. Todavía está por ver el recorrido que tiene, pero se confunde quien piense que ha sido una cumbre de marketing. Nada más lejano de la realidad.

La cumbre estaba dedicada a la financiación climática. Y a ella estaban invitados jefes de estado –porque sin su implicación los cambios serán más difíciles y lentos-; leyendas de la sostenibilidad como Gro Harlem Brundtland, Yunus Mohammed o Nick Stern; think tanks y académicos sobresalientes de disciplinas económicas y de desarrollo; alcaldes y personajes públicos emblemáticos y, sobre todo, muchos banqueros, hombres y mujeres de negocios, directivos de fondos de inversión, de instituciones financieras… Había, además, una buena representación de esa parte de la sociedad americana que construye el “American pledge” y trabaja por que los Estados Unidos no queden atrás en la gran carrera económica y política que representa la nueva economía del clima.

Era una reunión de líderes en la que primaba la orientación hacia el dinero. Y el dinero es, por definición conservador y agnóstico. Cree, sobre todo, en sí mismo. No es fácil generar dinámicas virtuosas desde la política y, sin embargo, es esencial. Es un mundo que conoce bien el Presidente Macron, y a él ha dedicado su mensaje. Llegamos tarde. No basta con incrementar la cantidad de recursos públicos disponibles. Es importante, además, cambiar las señales del mundo financiero sobre riesgo, valor y coste; las decisiones de los inversores; la realidad del desarrollo ha de ser otra diferente a la basada en los combustibles fósiles y la destrucción del entorno… porque en otro mundo estamos… en un mundo que admite oficialmente que esto se acabó y que es muy peligroso continuar por la senda de autodestrucción en la que estamos embarcados.

Oímos ideas muy potentes de actores muy relevantes. Dinero nuevo y adicional, no mucho. Pero el anfitrión había insistido en que ésta fuera una cumbre de anuncios de nuevas acciones, así que la cita se convirtió en un catalizador de iniciativas. Entre todas ellas, podemos destacar tres bloques de propuestas a los que merece particularmente seguir la pista.

No hay desarrollo posible si no es compatible con el clima

El primero de ellos es el integrado por los anuncios de la banca multilateral y de desarrollo: bancos con vocación y mandato de favorecer el desarrollo de sociedades y economías frágiles y por debajo de los datos macroeconómicos de los países occidentales. No hay desarrollo si no es compatible con el clima. Es especialmente significativo el movimiento del Banco Mundial: al abandono del carbón suma ahora su intención de dejar de financiar operaciones de exploración y explotación de gas y petróleo. Otros, como la Agencia Francesa de Desarrollo o el Banco Europeo de Inversiones adelantaron sus estrategias encaminadas a garantizar que el 100% de sus operaciones sean coherentes con el Acuerdo de Paris o la configuración de plataformas y fondos dotados con recursos financieros disponibles para facilitar un modelo agroindustrial sostenible, e infraestructuras urbanas y energéticas renovables y eficientes.

Emitir carbono genera costes

Un segundo grupo es el que recoge las iniciativas que fortalecen las señales de coste de la emisión de carbono. México anunció un mercado de emisiones en las Américas en el que participarán varios estados de Estados Unidos junto con países del continente; la alianza para abandonar el carbón sumó nuevos miembros, algunos de ellos muy significativos. Además, varios inversores anticiparon sus plazos de renovación de su cartera de inversiones para lograr que sean enteramente compatibles con el clima y otros advirtieron que desinvertirán de empresas energéticas en cuya cartera el carbón pese más del 5% en su actividad. Finalmente, se presentó una de las medidas estrella más sorprendente: el compromiso de la alianza de inversores institucionales de seguir y acompañar a las 100 empresas más contaminantes del mundo para lograr que incorporen en sus estrategias de negocio una correcta evaluación de los riesgos asociados a clima y sus planes para reducirlo. El grupo de inversores se repartirá el seguimiento de las empresas por regiones y, si lo consideran conveniente, añadirán más empresas a la lista. Todo ello de forma transparente y asequible en la web (www.climateaction100.org). ¡¡Una especie de predicador especializado y empeñado en la conversión del contaminador!!

Juntos llegamos más lejos

Por último, aparece un tercer bloque que representa una manera novedosa de actuar por parte de actores poco dados a sumar esfuerzos. Los grandes filántropos adoptan el compromiso de destinar más recursos y de forma distinta a la acción por el clima. Michael Bloomberg, Bill Gates, la Oak Foundation, el Children´s Investment Fund o la Hewlet Foundation forjaron una alianza y se comprometieron con Macron a incrementar el volumen de fondos dedicados a la innovación económica y la solidaridad climática y a hacerlo acompañando iniciativas públicas, fortaleciendo su capacidad de operar como palancas de cambio.

¿Se inicia un cambio sistémico?

Cada una de estas cosas es importante en sí misma, pero lo más relevante es su efecto movilizador y de contagio. Venían precedidas de la advertencia de Moody´s sobre los riesgos a los que están sometidas las ciudades europeas como consecuencia de las variables climáticas y la incidencia que esto puede tener en su rating si no desarrollan e integran correctamente estrategias de resiliencia y adaptación de sus infraestructuras. Son anuncios que pronto tendrán como consecuencia cambios en la calificación de empresas y su valor en bolsa; en variaciones en el coste financiero de las operaciones relacionadas con combustibles fósiles o en el rating crediticio de las empresas cuyo negocio sea incompatible con la seguridad climática.

Todavía estamos lejos de lo que necesitamos pero, desde el martes, estamos un poco más cerca de impactar en el corazón del sistema financiero.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *