Vientos en contra

Artículo  de Joaquín Estefanía, periodista y economista e integrante del Consejo Asesor para la Transición Ecológica de la Economía, publicado, el 10 de diciembre de 2017, en EL PAÍS

La escasa formación de empresarios y trabajadores debilita a la economía española.

La escasa calidad de las instituciones económicas (que lastra la eficacia y la existencia de empleos de alto valor añadido), y la insuficiencia de formación de los empresarios y de los trabajadores (que debilita a la población activa) son dos de los vientos estructurales en contra que tiene la economía española. Así lo analiza el profesor de Historia Económica de la Universidad de Valencia Jordi Palafox en su libro en su libro Cuatro vientos en contra (Pasado y Presente).

A esos vientos de largo aliento se une otro ahora, de carácter más coyuntural, que hasta anteayer no era viento en contra sino viento de cola: el precio del petróleo. España es un país tremendamente dependiente de la energía exterior. Compra todos los años alrededor de 450 millones de barriles de petróleo. Si como hace apenas dos años, el precio del barril cuesta 30 dólares, la factura asciende a 13.500 millones de dólares; si en apenas seis meses ha subido un 40% y se ha puesto por encima de los 60 dólares, el precio es de al menos 27.000 millones. Lo que se gasta en petróleo no se dedica a otros menesteres.

Hay una conjunción de elementos que han hecho incrementar el precio del crudo. Por el lado de la demanda, que la economía mundial va mejor que antes y crece con más fuerza, sobre todo algunos países emergentes de mucha población. En cuanto a la oferta, se ha hecho un poco más escasa debido a un acuerdo para restringir el número de barriles que ponen en circulación los 14 productores reunidos en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), al que se han unido otros 10 países de fuera del cártel, encabezados por Rusia. Ese acuerdo, que parece haber funcionado en los últimos tiempos, acaba de ser prorrogado al menos hasta finales de 2018. Una cierta escasez aumenta el precio. A ello hay que unir los factores geopolíticos que cuentan mucho en los análisis de los principales organismos multilaterales. En el caso del petróleo, las luchas internas entre distintas facciones gobernantes en el seno de Arabia Saudí, principal productor, y la posibilidad de algún tipo de enfrentamiento (no necesariamente armado) con Irán, en busca del liderazgo de la región; la situación de Venezuela, los conflictos internos en Irak, Kurdistán, Nigeria,…

En este contexto, un país como España, que está creciendo a un ritmo del 3,1% del PIB, por encima de la media de los países de la UE y de la OCDE, habrá de reflexionar sobre la posible retirada de los factores transitorios que la están ayudando a ese crecimiento. No sólo el precio del petróleo, sino la política monetaria del Banco Central Europeo (con tipos de interés próximos a cero y compras masivas de deuda pública), el tipo de cambio del euro frente al dólar (la moneda europea puede apreciarse y debilitar las exportaciones) o el hecho de que la industria del turismo haya tenido en los últimos tiempos pocos competidores alrededor.

Entonces, la economía española se quedará sola con sus vientos en contra. Será el momento de comprobar su fortaleza estructural. Y cómo se reparte.

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